Silvia Federici sacó un libro. Se llama “El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo”, una nueva obra que se mete con “el papá” de la sociología para poner el foco en la forma específica que tomó la explotación de las mujeres en la sociedad capitalista moderna.

 Pero la presentación del libro fue en realidad la excusa que encontró Federici para girar por la periferia de Buenos Aires y conocer experiencias cargadas de política, intercambiar saberes con colectivos de mujeres y compartir sus décadas de lucha y teorización feminista. En uno de esos vericuetos la cruzamos, dialogando con periodistas feministas y comunicadorxs populares en la Editorial Tinta Limón.

 

Aquí, algunas de sus reflexiones:

La lucha de las mujeres en el marco del cambio energético

“Hoy las mujeres son protagonistas de muchas luchas, sobre todo luchas en defensa del territorio, en defensa de la tierra contra todo tipo de contaminación, contra la privatización de la tierra, del agua, de los bosques. Están más involucradas porque siempre han sido las responsables del proceso de la reproducción individual, familiar y colectiva. En ese marco, son las interesadas también en un tipo de transición energética que no sea destructiva. Un tipo de uso de energías que no sea contaminante.

 

Y por eso son vulnerables a tanta violencia. Violencias públicas, de los paramilitares, de los narcos… violencia que se genera contra las mujeres porque están en la primera línea para defender la tierra. Muchas veces confrontándose con hombres jóvenes de sus propias comunidades, que son más fácilmente seducidos por los salarios que les pueden ofrecer pero que no miran más allá del presente. No ven que con las contaminaciones se da el fin de la comunidad. El fin de la vida en el lugar.

 

Es muy importante reorganizar el trabajo de reproducción en una forma que no aísle a las mujeres, que no individualice este proceso. Es importante reconocer que ya hay toda una historia que llevó mucho tiempo. Las mujeres han hecho esfuerzos para crear formas más cooperativas de reproducción. Las mujeres han impulsado nuevas visiones de cómo se puede organizar la reproducción. Pensamos formas más colectivas. Pero no solo del trabajo doméstico específico de la casa, sino también del espacio urbano, proponemos espacios más convenientes para la reproducción. Somos capaces de juntar y no de separar.

 

Esta iniciativa en el tiempo se ha multiplicado. Por ejemplo, para mí fue muy inspirador conocer los comedores populares que crearon las mujeres de la villa Retiro bis, porque al mismo tiempo hacían formación política colectiva usando el teatro de los oprimidos. Una forma de vivir muy diferente, que rompe los muros entre la casa y la calle. La calle se convierte en un espacio que une y no separa. La calle pasa a ser un espacio colectivo que es extensión de la cocina, de la cama, donde se puede cuidar a los niños y a las niñas colectivamente. Se trata de procesos que liberan el tiempo de las mujeres y que politizan. Son procesos de politización esenciales, sobre todo en sociedades donde no hay acceso a muchos recursos. Son procesos que concretan la idea de no separar lo político de lo reproductivo.

 

Porque reproducir también es introducir valores en la vida, es afirmar algunos y no otros. Entonces, es también nuestra responsabilidad la concientización. Es algo que las feministas hemos aspirado y ya se está cumpliendo en varias formas. Claro que no hay modelos únicos y depende de los contextos, pero el objetivo es juntar lo que el capitalismo ha separado”.

 

¿Es posible pensar un feminismo que no sea anticapitalista?

“Hay muchas formas de feminismos. Yo creo que es necesario hablar de feminismoS, y creo que muchos feminismos no son anticapitalistas. Al contrario. Sobre todo en los últimos 40 años, a partir de la segunda mitad de los años 70, ha comenzado un feminismo que llamo «feminismo institucional», «feminismo de Estado», con intervención de las Naciones Unidas. La política feminista que se ha presentado como la que nos emancipa.

Un aspecto dominante del feminismo de las últimas dos o tres décadas es que se trata de un feminismo institucional pro capitalista neoliberal, que ha usado una agenda feminista distorsionada, domesticada, subvertida, abusando del lenguaje, de parte de las categorías para integrar a las mujeres a la máquina del trabajo, a la economía global, pero siempre en los niveles más bajos. Mal pagados, más peligrosos, más riesgosos, más precarios, pero con la mistificación de la emancipación.

Es un discurso muy hipócrita, porque se ha dicho que la educación es importante pero después instituciones de las Naciones Unidas, como el Fondo Monetario o el Banco Mundial, cortan todos los subsidios a educación y a la salud. Entonces, al tiempo que dicen que las mujeres tenemos que hacer esto y aquello cortan los recursos que lo harían posible. Yo no me siento cerca de estos feminismos.

Creo que una perspectiva feminista no se ocupa solamente de la posición de las mujeres, de las historias y condiciones de las mujeres. Sino que es una mirada que cambia la totalidad de la sociedad. Es una expresión de toda una historia de lucha de las mujeres, de su experiencia a partir de sus posiciones, de la organización del trabajo de la sociedad capitalista. Toda la experiencia del trabajo no pago, de tantas formas de violencia que se han ejercitado contra las mujeres. Si vemos un feminismo que es expresión de esta lucha, de esta experiencia, me resulta muy claro que debe ser un feminismo anticapitalista. Porque esta sociedad es verdaderamente no sustentable. Es un sistema económico que desde el principio hasta hoy se sustenta con la violencia continua, con el despojo, que después de 500 años de explotación de la producción del mundo todavía genera políticas que empobrecen a la gente y más violencia.

Es un sistema que está matando la tierra, a nosotros, a través de formas de violencias permanentes. Guerras, contaminación del agua, del aire, del campo. ¿Cómo se puede vivir así? Podemos ver que el capitalismo ha dado prosperidad a poblaciones muy limitadas y por períodos cortos de tiempo. Pero para la mayoría ha sido una forma de esclavitud. Se habla de democracia y todavía hay esclavitud, colonialización, conquistas, guerras.

Por eso, cualquier lucha debe introducir elementos que construyan algo nuevo. Las luchas deben cambiar las relaciones, sembrar elementos de una nueva sociedad. Se puede luchar con un horizonte muy limitado o se puede luchar con un horizonte que empiece a ver un futuro diferente”.

 

Nuevas pedagogías para el cambio

“Formas diferentes de crianza con los niños pueden ser pensadas como nuevas pedagogías para el cambio, por ejemplo. Desgraciadamente desde el feminismo a veces se ha pensado el cuidado solamente como lugares donde se pone a los niños y a las niñas cuando la mamá sale a trabajar. Lugares que son necesarios para liberar nuestro tiempo.

No siempre se ha visto que en verdad la crianza es un trabajo, es una actividad permanente, importante y fundamental que necesita de un trabajo colectivo y de una politización. Criar niños y niñas no es producir nuevas generaciones, sino crear un nuevo mundo. Es decidir qué mundo vamos a construir, qué valores vamos a reafirmar, cómo lo vamos a hacer. Es un trabajo, entonces, muy complejo, muy creativo, muy transformador, que se debe hacer colectivamente. No se trata de «parquear» a los niños y a las niñas mientras vamos a trabajar. Esto me parece un ejemplo de formas diferentes, de nuevas pedagogías.

Siempre cuento cuando fui a Bolivia y conocí a las Mujeres Creando, que tenían un centro de cuidado de las infancias. La idea original de este centro tenía que ver con liberar el tiempo, pero después empezaron a circular otras discusiones y se dieron cuenta de que tenía que ver con mucho más. Se dieron cuenta, por ejemplo, de que era difícil pensar en educar a la niña y al niño sin hablar con sus familias, sin saber desde dónde llegaban, qué podían hacer cuando se iban del centro. Así decidieron unirse con las familias, con las madres. Porque la escuela, el cuidado, no es un mundo separado del barrio, de la familia, de la casa. Es una continuidad.

Fue muy impactante esa discusión, porque poco a poco comprendieron que el cuidado de los niños y de las niñas es un proceso muy largo, que no es ponerlos con algunos juguetes. Y una temática que no está muy instalada es cómo repensar, redefinir, redescubrir la actividad de la reproducción, que en el capitalismo ha sido tan desvalorizada y organizada de forma tan limitante que muchas veces se reduce este trabajo a lo más posible.

El trabajo de procreación incluye las tareas de cocinar, de criar, trabajo emotivo y afectivo, y tiene una contradicción interna porque al ser trabajo que reproduce la vida es permanente, importante y fundamental. Pero por otro lado es un trabajo que en la sociedad capitalista es organizado para reproducirnos en el mercado laboral. Acá está el problema: tenemos que reducir la parte del trabajo que sirve al capital, que no es por nuestro bienestar sino por una disciplina laboral.

Yo creo que es necesario que nos reapropiemos. Repensar qué es en verdad la reproducción de la vida. Porque es un trabajo muy complejo, muy creativo, que se hace también fuera de la casa (en la escuela, por ejemplo), y también en los lugares de trabajo extradoméstico. Porque si pensamos en la reproducción de la vida, entonces cuando trabajamos fuera de la casa este principio sigue. Es un eje a tener en cuenta a la hora de pensar lo que se produce y cómo se produce.

Debe cambiar lo que se hace dentro de la casa, pero también lo que se hace fuera de la casa. Responsabilizarnos también de las producciones. Claro que necesitamos fuertes movilizaciones, luchas, y tejido social solidario que debe ser construido”.

 

La inclusión de las mujeres en el mercado laboral y el reconocimiento del trabajo doméstico

 “Hace décadas que se habla de reconocer el trabajo doméstico e incluirlo en el producto bruto nacional, pero eso no significa nada. La inclusión para mí es una mentira porque nosotras ya estamos incluidas, no es que estamos por fuera del capitalismo. Lo precario no es el trabajo, sino los recursos. Muchas tienen hasta dos o tres trabajos por día. En Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres más endeudadas son las que trabajan fuera de la casa, porque los trabajos que buscan no les permiten ninguna autonomía. Muchas también usan el salario para solicitar préstamos.

Entonces, ya estamos incluidas pero ¿cómo estamos incluidas? Somos incluidas en una situación de dependencia, de miseria, de falta de recursos, de despojo, sin tiempo para el descanso, para regenerarnos. Con un futuro donde la única perspectiva es más trabajo, más precarización. Nosotras trabajamos, pero ¿quién se beneficia de nuestro trabajo? No casualmente, las mujeres son las mayores consumidoras de píldoras antidepresivas.

Esta es la inclusión. Por eso yo creo que se debe denunciar el discurso de la inclusión. La clase capitalista ha visto la gran oportunidad de usar la mistificación de la emancipación femenina para abrir la puerta a los trabajos más baratos”.

 

Representación de la clase asalariada

“Por primera vez en la historia la mitad de la clase asalariada son mujeres. Uno de los efectos inmediatos de esta particular realidad son los nuevos intereses por la socialización del trabajo reproductivo. Se ha celebrado la idea de salir de la casa, pero después de tanto tiempo de trabajo extra-doméstico la ilusión de la emancipación, de la creatividad del trabajo profesional ya no existe y se empieza a reconocer cuán pesado es el trabajo del hogar y de la forma en la cual se lleva a cabo. Por ejemplo, comiendo solo una vez a la semana con tus hijos o con tu pareja. Empezar a pensar en estas problemáticas es algo que no se ha hecho en el pasado, porque en los años 70 muchísimas tenían la ilusión de salir de la casa. Hoy la problemática de cómo unir, de cómo crear luchas que junten las dos partes de la organización del trabajo es muy importante.

También aparece hoy la relación con los hombres. Se ha registrado un fuerte aumento de la violencia que tiene varias razones, entre otras la pérdida de poder. Porque el salario siempre ha sido una medida, ha conformado el intercambio entre mujeres y hombres. El poder económico es el que daba el poder de controlar las vidas y las decisiones. Hoy hay hombres que intentan recuperar el poder que han perdido en el lugar del trabajo con violencia sobre las mujeres, a través de la explotación de los cuerpos de las mujeres por ejemplo.

Esta es una problemática muy preocupante que mucho depende de cuántos compañeros se van a sumar. Porque parece muy evidente que ser violento con tu pareja va a destruir tu capacidad de lucha. Siempre digo que la violencia masculina sobre las mujeres es un sabotaje a la lucha. Si los hombres se proponen cambiar el mundo, recuperar su dignidad masculina imponiendo su voluntad o golpeando a sus parejas es una forma de derrota. Es una forma de sabotear cualquier posibilidad de cambio social. Hay millones de mujeres aterrorizadas por las personas con quienes viven y no pueden luchar.

Creo que esta va a ser la pregunta para los hombres: ¿qué van a hacer? ¿Se van a juntar, a apoyar la lucha de las mujeres o van a intentar recuperar su poder penalizando a las mujeres, frustrando sus búsquedas de autonomía?”

 

Rol de los hombres en la lucha feminista

“Creo que el hombre en la lucha feminista tiene un papel muy importante, pero en las condiciones, con las formas y en los lugares que nosotras decidamos. Los hombres deben hacer un trabajo de educación y de formación política, tal cual nosotras hemos hecho y estamos haciendo. Es una problemática amplia que tiene que ver con dónde se ubican en la lucha. ¿Se ubican en un lugar que va a reconfirmar, a profundizar la jerarquía que está? ¿O se ubican en una lucha que va a subvertir las jerarquías?

Hay que tener en cuenta, igualmente, que hay hombres de distintos tipos. No son todos iguales. No hay un sujeto masculino uniforme.

Nosotras siempre hemos dicho que los hombres violentos son ciegos y suicidas. Porque, por ejemplo, imponer la dependencia de las mujeres lo hace dependiente a él del mercado laboral, del capital. Nosotras no queremos ser sus cadenas. Pero para buscar autonomía económica de los hombres necesitamos que los hombres no nos enfrenten.

La realidad hasta ahora es que muchísimas veces para luchar contra el capitalismo también tienes que luchar contra los hombres de tu familia, de tu comunidad. Muchas mujeres tienen a la policía en sus propias casas, porque les controlan con quiénes hablan, con quiénes salen, qué han hecho.

Esta es la reflexión que deben darse los hombres: ¿quieren ser nuestra policía o quieren ser compañeros de la lucha?”

 

Vínculos sexo-afectivos con varones

“En el amor, como en tantas cosas, no hay un modelo. Lo importante al relacionarse es el respeto por la otra persona o las otras personas.

Sabemos ya que el amor romántico fue y sigue siendo un desastre para muchas mujeres, porque el papel de la mujer como sujeto social ha sido tan desvalorizado que todavía desafortunadamente hay muchas mujeres que se valoran en función de si un hombre las quiere o no las quiere. Entonces, tu valor depende de si te quieren; no de tus acciones, de tus capacidades, de tu pensar. Muchísimas sufren, se destruyen por ejemplo cuando estos hombres las dejan porque entonces significa que ellas no tienen ningún valor.

Yo creo que todas las mujeres de mi generación han sido víctimas del amor romántico. Todas hemos pasado un día o dos esperando la llamada de él. Pero esta situación se modifica cuando las mujeres empezamos a juntarnos con otras mujeres y a hacer cosas que nos demuestran que somos capaces de cambiar nuestras vidas. Ese es el fin. Porque descubrimos que es tan interesante y excitante estar con otras mujeres…

Prácticamente, ponerse en un proyecto colectivo con otras mujeres ha cambiado la forma de ver de las mujeres. Lo importante es incentivar a juntarnos, porque esos encuentros inspiran a creer que podemos hacer cosas, que somos capaces y que podemos cambiar nuestras vidas, que tenemos creatividad.

Muchas veces, en los 70s, hablábamos de la mujer muda que ha descubierto su voz estando con otras mujeres, porque se construye un lugar en confianza sin miedo a ser ridiculizada. Es un proceso de revalorización, que no es solamente ideológico. Es revalorización a partir de juntar nuestras fuerzas y hacer cosas nuevas”.

Autora: Mariana Fernández Camacho

Fotos: Gisela Volá y Analía Cid.  Cooperativa Sub